Por Adrian Werthein

El 2017 no sólo será un año complejo e incierto para la Argentina, sino también para gran parte del mundo. Aquellos que encabezan los gobiernos de países centrales, como Estados Unidos, Reino Unido e Italia hoy son otros protagonistas, con otras visiones y una aproximación sofisticada por momentos, elemental en otros, frente a los problemas de sus pueblos y la sociedad global.

Está aún por delinearse el papel de Rusia y también el de China en este nuevo ajedrez que se ha planteado con la asunción del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Además, habrá cambios en Francia y soplan vientos cruzados en Europa del Este.

Medio Oriente sigue siendo una hoguera sin fin en la que las vanidades y la ignorancia consumen los mejores esfuerzos y miles de vidas humanas; más aún luego de que Estados Unidos ha logrado su independencia energética a partir de la explotación y producción de shale oil.

El movimiento migratorio mundial es de una magnitud que no se ha visto desde las grandes guerras del siglo pasado, influyendo en las composiciones étnicas y culturales de los países que van recibiendo a quienes huyen de la guerra, el hambre, la pobreza y el terror.

Y, adicionalmente, a partir de la asunción de Trump, el mundo parece ingresar en una etapa de nuevos paradigmas. Las tensiones que observamos serían sintomáticas de un orden económico que parece haber quedado atrás. El marco multilateral para resolver los conflictos globales pareciera tornarse obsoleto o al menos anacrónico para resolver los mismos con velocidad y anticipación.

El esquema vigente desde Bretton Woods, de libre comercio mundial y paz asegurada entre los grandes bloques, podría sufrir deformaciones notorias si la principal potencia económica refiere que ese libre intercambio de bienes y servicios ha sido desproporcionado y se requiere converger a un esquema más equilibrado.

Este nuevo contexto genera dilemas geoeconómicos para las potencias y para los países emergentes que deberán decidir o redefinir su estrategia comercial internacional. Y pensar inteligentemente su postura de ofrecimientos e intercambios con el mundo.

En este entorno mundial, la Argentina no presenta desafíos ni angustias tan agobiantes como los descriptos. Debe lidiar con sus propias miserias, que son la corrupción, el aumento oprobioso del analfabetismo, la exclusión económica y social de enormes sectores de la población, el retroceso clientelar consecuencia de décadas de egoísmo político solo al servicio de si mismo.

Comenzamos el año 2017 con la “MISIÓN Y VISIÓN” de “HACER LAS COSAS BIEN”.

La administración del Presidente Macri va bien rumbeada: más que una brisa es “un ventarrón de aire fresco”. Los funcionarios que acompañan al Presidente son hombres y mujeres idóneos y honestos.

Necesitamos que la oposición aprenda a ser un factor de legitimidad que agregue valor a la Nación apartándose del juego del poder con fines meramente electorales; consolidando firmemente los acuerdos básicos de todos los argentinos.

No habrá sociedad posible si no lo hacemos juntos y ya.

Debemos jerarquizar el valor del trabajo y del esfuerzo, condiciones centrales y anteriores a la eficiencia y la competitividad tan anheladas. Ello demandará un gran esfuerzo en una Nación que ha perdido la cultura del trabajo como factor indispensable de crecimiento y desarrollo.

Ha comenzado un cambio de paradigma, una responsabilidad que hay que inculcar a las nuevas generaciones para que exijan ser educadas, cuidadas, estimuladas y que se les rinda cuentas de la cosa pública.

Estamos dando pasos firmes en esta buena senda que no debemos abandonar. Necesitamos más verdad y más transparencia.

Vamos adecuando las conductas que durante décadas signaron a los argentinos. Por ejemplo: “el cumplir no paga” , “¿para qué cumplir con la ley si nadie lo hace?”, “¿para qué pagar impuestos si los administradores públicos roban?”.

Muy pocos han predicado en la historia reciente con buenos ejemplos. Todo esto está cambiando para mejor.

Los cambios en el contexto internacional y local nos indican que tenemos una gran oportunidad, tan grande como diferente a otras anteriores. Si abonamos este camino, aún con años no fáciles por delante, el futuro será mucho mejor para todos.

Adrián Werthein es presidente del Consejo Interamericano de Comercio y Producción (CICyP).